*¿TODOS SOMOS HIPÓCRITAS?*

 


Recuerdo que jugaba béisbol con los chicos del barrio y en una ocasión perdimos un partido porque el equipo contrario hizo trampa. Entonces nuestro entrenador dijo: *“Me decepcionaría mucho si alguien de nuestro equipo hiciera eso para ganar, prefiero perder que alterar el resultado”*

Pero dos años después, este mismo entrenador se vio involucrado en un escándalo peor del que había hecho el equipo ganador aquel día.

Pocas cosas me irritan más que la hipocresía, pero me pregunto: *¿Será que todos somos hipócritas?*  Revisando en la biblia me encuentro con la historia de Judá, en Génesis 38, su hipocresía casi genera consecuencias letales.

*Después de que dos hijos de Judá murieron, uno de ellos al poco tiempo de casarse con Tamar, Judá había abandonado su deber de proveer para las necesidades de ella (v 8-11) desesperada, Tamar se disfrazó con un velo de prostituta, y Judá se acostó con ella (v 15-16)

Cuando Judá se enteró de que su nuera viuda estaba embarazada, tuvo instintos asesinos: “Sacadla, y sea quemada” (v-24) Pero Tamar tenía pruebas de que Judá era el padre. (v-25)

Entonces Judá admitió su hipocresía y reconoció: “Más justa es ella que yo”

Pero aún de este oscuro capítulo de la vida de Judá y Tamar, Dios hizo algo bueno, ese hijo sería antepasado de Jesús.*

El Génesis 38 de la Biblia refleja la hipocresía del corazón humano, pero también la misericordia y la gracia de Dios.

Cada día que pasa vemos cómo la hipocresía nos caracteriza como humanidad, desde los tiempos bíblicos.

Los hipócritas tienen en la adulación a su mejor máscara, en la mentira sus sucias intenciones y en el aparentar su arma preferida.

Nunca he entendido esa fea actitud de fingir determinadas posturas, ideas o cualidades que son contrarias a las que en realidad se sienten, se piensan o se tienen. Pero las redes sociales son el mayor reflejo de la hipocresía. Tenemos que entender cuando convivimos con el ciber espacio que la vida virtual no es la real.

La realidad termina obligando al hipócrita a quitarse su falsa sonrisa de Instagram, su opinión rebuscada de twiter, su baile ridículo de tiktok, y lo envía a enfrentar su propia miseria sin Cristo.

Tarde o temprano, las cosas vuelven a su punto; es decir, a su esencia y a su naturaleza. La tristeza por alguna pérdida, las palabras que nadie escucha y la frustración por no cumplir algún sueño. Esa es la vida real que pocos mortales mostramos. Somos frágiles, vulnerables y tan hipócritas que no lo aceptamos. Si cuando era niño aquel entrenador de mi equipo de béisbol hubiera tenido Facebook posteaba su indignación al perder, pero por supuesto dos años después sus amigos virtuales no se hubieran enterado de que pagó para ganar en otro campeonato.  

Francisco de Quevedo el escritor español del Siglo de oro escribió: *La hipocresía, esta "calle mayor del mundo" a la que muchos de nosotros y en muchas circunstancias a pesar de que no queramos "tenemos que ir", porque "empieza con el mundo y se acabará con él"*

¿Qué pasaría si fuéramos transparentes? ¿Qué pasaría si todos reconociéramos que necesitamos del perdón de Dios?

Como Judá admitiríamos nuestra hipocresía y seguro diríamos: *“Más justa es ella que yo”*

Como está escrito: *“No hay justo, ni aun uno”*

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