*AYUDA SABIA Y ALEGRE*

 

 La pandemia y sus olas también ha traído una gran cantidad de personas pidiendo en las calles y estoy seguro no es un fenómeno de un país, ni de una sola nacionalidad. Ayer caminando por el barrio donde vivo, volví a ver al mismo hombre en un semáforo. Tenía un cartel que decía: *“Necesito dinero para comer”* al pasar por su lado me dijo *¿Me ayudas?* Miré para la otra esquina y suspiré.

Al llegar a mi casa pensé: *¿Soy la clase de persona que no ayuda a los necesitados? ¿Qué clase de cristiano o ser humano es aquel que no tiende su mano a los que más necesitan?*

 Me di un consuelo y dije: *“Eglis, seguro este hombre era un simulador, pero en el fondo no tiene necesidades, algunos lo hacen, simulan muy bien y ganan más que un profesional. Por otro lado, hay muchos que realmente si les hace falta ayuda y verdaderamente pasan hambre”.*

Otro consuelo o justificación apareció en mi mente: *“Eglis, ese hombre tenía cara de estar drogado, si le dabas dinero lo tomaría para esos hábitos destructivos”*

También recordé que los trabajadores sociales recomiendan mejor dar víveres y otros productos a los centros de ayuda que se encargan de la distribución.

Me sentí mal como otras veces, aunque reconozco que cuando se trata de niños en las calles hago el mayor esfuerzo por dar, tal vez en este caso específico actúe con sabiduría.

Dios nos instruye: *Llamen la atención a los ociosos, animen a los de poco ánimo, apoyen a los débiles… (1 Tesalonicenses 5:14)*

Entonces para ayudar sabiamente tenemos que saber a qué categoría pertenece cada persona. Si ayudamos a un ocioso, podemos alentar la vagancia y holgazanería. Si no prestamos atención a una persona débil podríamos ser injustos. Por eso, ayudamos mejor conociendo a la persona para saber qué necesita.  Pero, ¿Cómo conocer a alguien en una esquina para poder ayudarle?

*Si Dios pone en tu camino algún necesitado y sientes la necesidad de colaborar, hazlo sin dudar.*

Empieza la obra también en los proyectos que conoces, con las personas que conoces, da lo que consideres mejor, no solo lo que te haga sentir bien. La gente tropieza, cae, vive su propia batalla y necesita poca, o mucha ayuda. Es mejor dar que recibir, practica la generosidad, con disposición, sin esperar recompensa o algo a cambio. Dios no tiene una chequera - como muchos creen-  y paga por favores que hagas a otros.

*La clave está en saber a quién ayudar y hacerlo con alegría.*

Recreación y Compilación Eglis Gaínza

Otros escritos en Servir a Cristo:  https://serviracristo21.blogspot.com/

*Situaciones difíciles: entre el sufrimiento y la muerte*.

*Tratar de impresionar es muy peligroso*

Comentarios